HUMANO,
DEMASIADO HUMANO
No se trata
de Nietzsche, sino de Horrach, el fiscal anticorrupción. Yo estaba
acostumbrado a verlo en televisión criticando al Juez Castro, con un
semblante serio pero con una ligera sonrisa como de seguridad y
ecuanimidad, por momentos pareciendo como la parte rigurosa y
objetiva del dúo fiscal-juez, que en el imaginario de la gente
podría estirarse en diversas composiciones duales como el
Juez-Pueblo soberano contra el Fiscal-Estado, o el Fiscal protector
de Infantas contra el Juez azote de la realeza, etc.., cuando de
pronto le veo un no se qué en los ojos, en la expresión, tras haber
sido, al parecer, ligeramente cuestionado por el Consejo General del
Poder Judicial ( de esto no estoy muy seguro pero sigamos), cuando
éste ha venido a decir que hay que ser respetuoso con las decisiones
judiciales y demás.. Entonces el fiscal Horrach, antes seguro y
sólido, parece haber sido "tocado" cuando ha venido a
decir que le parece muy bien lo del respeto, pero que siempre y
cuando sea para todos, incluido él, evidentemente, dejando asomar
una cierta...vulnerabilidad. En pocas palabras, ha tomado un poco de
su propia medicina, de la que él ha estado sumistrando al Juez.
No se quien
lleva razón en lo de la Infanta, pero lo que si sé es que las
declaraciones del fiscal descalificando y dando pávulo a la idea de
que el Juez no está siendo ecuánime con aquella, que la está de
alguna manera "persiguiendo", suponen una falta de respeto
no sólo al Juez sino al Estado de Derecho, es decir a todos
nosotros. El fiscal debe permanecer calladito, sin hacer
declaraciones públicas. Si le ponen el micrófono por delante pues
que no conteste, o que conteste otra cosa, como por ejemplo que ya se
pronunciará mediante los instrumentos jurídicos propios de su
oficio. Luego viene el tonto de Rajoy diciendo que está plenamente
convencido de la inocencia de la Infanta, etc...El hábil y ladino
Roca será el que cobrará los honorarios por la defensa jurídica de
la Infanta, pero desde luego no es el único abogado que tiene ésta.
Hace poco
otro tonto, esta vez mas cercano a nosotros, los andaluces, el
Presidente del Consejo Consultivo de Andalucía ha dicho que el cree
que el caso de los ERE de Andalucía terminará disolviéndose como
una azucarillo, o algo así....Sobran comentarios.
Uno y otro
son ejemplos de patadas al Estado de Derecho. Por parte de los mismos
a los que se les llena la boca con todo eso de la independencia de
los jueces, de la imparcialidad de las instituciones públicas, etc..
Resulta inaudito que aquellos mismos que ocupan una posición de
preeminencia en dicho Estado de Derecho sean los primeros en
ningunearlo cuando la ocasión pueda resultar desfavorable para según
qué personas. ¿Alguién se imagina al fiscal de un caso cualquiera
de robo, o de cualquier otro delito imaginable, hacer declaraciones
públicas arremetiendo contra el Juez instructor de la causa?.
¿Alguien se imagina al mismísimo Presidente sacar la cara en
televisión por un delicuente común y decir aquello de "estoy
convencido de la inocencia..." o "los jueces tendrán la
última palabra pero yo estoy en condiciones de afirmar que no fue
Manuel el de las Tres mil el que asaltó la farmacia".
Claro, así
resulta muy difícil creer en eso de "la Justicia es igual para
todos". En fin, la conclusión que podemos sacar de todo esto es
que en un Estado de Derecho, como en "teoría" es el
nuestro, nadie puede estar por encima de la Ley. Esto que parece tan
obvio, y que resulta muy sencillo de decir y entender, parece chocar
una y otra vez con serios obstáculos a la hora de llevarlo a la
práctica cotidiana. Buen ejemplo de ello lo tenemos en la
administración de la Junta de Andalucía, que ha construido un
tinglado para sobrevolar el límite de la ley, traspasándolo en no
pocas ocasiones.
Sin
embargo, esta dificultad de realización, de plasmación en la
realidad, es una dificultad selectiva: para aquel que es desahuciado
de su vivienda por un proceso de ejecución hipotecaria el Estado de
Derecho aparece como algo que hay que respetar y que se impone de
manera impersonal, es decir, independientemente de la voluntad de
banqueros, jueces, notarios, policías, etc..y no digamos de la del
propio afectado. Se trata de una maquinaria inapelable e ineludible.
Sin embargo en otros casos...
Hasta que
no haya ningún caso en el que la condición y voluntad de las
personas prevalezca sobre la ley no estaremos en un auténtico Estado
de Derecho. Y si comenzamos este breve e inútil escrito mencionando
a Nietzsche, ahora pegaría más recordar a Darwin y terminar con
alguna que otra pregunta: ¿alguien tiene alguna idea de cuánto
tiempo falta para que hombres y mujeres consientan en dejar de
trampearse los unos a los otros?, ¿será esto equiparable al paso
del primate al homínido?, ¿tanto tendremos que esperar?, ¿habrá
alguien aquí para cuando termine el recorrido evolutivo de la
primacía del Derecho en las relaciones sociales y políticas?.
Algunos pensamos que aquí entre nosotros, particularmente en
Andalucía, se están dando pasos en la dirección contraria, es
decir, que no estamos evolucionando sino involucionando, con el
agravante de que pretenden hacerlo pasar por una estupenda
modernización.
En este
sentido, y sin ánimo de ofender a nadie, no puedo evitar preguntarme
si no es algo más que mera coincidencia el inquietante parecido
entre cierto Consejero del Cortijo andaluz y la imagen de una
conocida marca de anís.
No hay comentarios:
Publicar un comentario