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miércoles, 18 de febrero de 2015

IMPUTEICHON




Chaves, Griñan y compañía....¿Les saldrá gratis haberse pasado el derecho administrativo por el arco del triunfo?. ¿Saldrán indemnes de ese desprecio chulesco hacia las leyes, hasta el punto de haber propiciado la manufactura de normas a medida, de haber retorcido la ley y el derecho para ..? Me temo que sí.

Creo que nunca en mi vida he deseado tanto equivocarme, pero creo que el Supremo terminará por no inculpar ningún delito a estos dos y a los demás. Es más, a la larga le puede beneficiar a los sociolistos el hecho de que el Supremo, tras haber investigado, no encuentre indicios de delito como para solicitar el suplicatorio y continuar así el procedimiento. Por cierto, ¿estará el TSJA esperando a lo que haga el Supremo con los peces mayores para ver que hace con los menores?.

Mi confianza en el Supremo es bastante escasa, por no decir nula, desde el momento que vino a declarar en una Sentencia sobre los recursos que interpusimos muchos funcionarios, que el personal de la fundación FAFFE (entre otros entes), eran ya, con anterioridad a su integración por subrogación empresarial ( por la cara, vamos) en la Agencia SAE, empleados públicos. ¡Empleados públicos unos empleados de un ente de Derecho Privado como era la fundación!. Sí, de un ente privado, con trabajadores privados, aunque perteneciente al sector público. No hay más que ver lo que dice la LAJA: art. 52.3.” Las sociedades mercantiles y la fundaciones del sector público tienen personalidad jurídica privada,..” y luego echarle otra miradita a dos articulitos del EBEP, por un lado el art. 8.1. en donde se define el concepto de empleados públicos: “Son empleados públicos quienes desempeñen funciones retribuidas en las Administraciones Públicas al servicio de los intereses generales.”, y luego poner esto último en relación con el art. 2.1 del mismo texto en el que se señala cuales son las Administraciones Públicas que entran en el ámbito de dicho Estatuto, no figurando en dicha descripción las entidades de derecho privado del sector público. Es decir, se trataba de trabajadores privados convertidos por arte de birlibirloque en empleados públicos.

Después de esta bestialidad, de esta patada descaradísima al Derecho, de esta vergonzosa muestra de falta de profesionalidad y de imparcialidad, de ese increible sometimiento a intereses partidistas, que cabe esperar de ese Tribunal. Poco. O nada. Repito: Ojalá me equivoque.

Por último quisiera decirle algo a los simpatizantes del PSOE: No salva la cuestión el hecho de que Chaves y Griñan no se hayan llevado un euro.., ni que eso de que crearon y engordaron una administración paralela, ajena a los controles para beneficiar a los suyos, o para crear una red clientelar sea algo que un Tribunal no pueda demostrar de manera suficiente, etc...da lo mismo. La cuestión es simple y llanamente la siguiente:

Cuando estos señores ( y otros con anterioridad y con posterioridad) se hicieron cargo del gobierno y la administración de Andalucía existía ya una Administración Pública regida por el Derecho Administrativo, con una serie de instituciones y procedimientos; instituciones y procedimientos sancionados por los máximos órganos legislativos y de representación de la soberanía popular como son los parlamentos (Estatal y Andaluz). Sin embargo ellos prefirieron crear y fomentar otra administración con otras instituciones y procedimientos distintos a los que las leyes, empezando por la Constitución, prescribían para los asuntos públicos. ¿Por qué lo hicieron?. El derecho que rige en la administraciones no es electivo. Si en vez de atenerse a él se opta por otro distinto, habrá que preguntarse por qué, para qué, etc..Pero no hay que olvidar que el hecho en sí mismo de no respetar tal derecho es, o debería ser, un delito. ¿O es que no estamos todos los ciudadanos obligados a respetar la leyes?. Todos. Incluidos, alguien diría que con más motivo, los gobernantes. Y ello al margen de quién se quede los dineros, los favores y demás, o de que haya unos cuantos o una legión de beneficiados por la fechoría.

La nítida realidad es que se han concedido subvenciones y ayudas sin control, por procedimientos y entidades distintos a los previstos previamente por leyes y reglamentos y que esto no se hubiera podido hacer sin el conocimiento y aquiescencia de los máximos responsables de esa organización llamada Junta de Andalucia.

¿Asistiremos a una nueva torsión de la lógica de la Justicia y el Derecho, o por fin veremos restablecida nuestra exigüe creencia en aquello de la Justicia igual para todos?.







miércoles, 9 de julio de 2014



COMO LOS NIÑOS


Los niños, cuando no quieren ver algo, cuando de repente la realidad les pone por delante algo no agradable, por una infinidad de posibles y subjetivos motivos, sencillamente cierran los ojos. Lo que no veo no existe, parecen decir con ello. Pero aún más, incluso cuando lo que pretenden negar de la realidad no es una cosa cualquiera de ésta, sino su propia persona, también recurren a la misma práctica. Es decir, cuando ellos mismos pretenden pasar desapercibidos, sin ser vistos por los demás, ¿que hacen?, pues lo mismo, cerrar los ojos. Si yo no veo al mundo, incluido yo mismo en él, tampoco los otros podrán verlo. Ni verme.

Esta negación mágica de la realidad, tan simpática en los niños, se hace antipática e insultante en los adultos, en los que ya no se trata de un natural mecanismo de defensa para enfrentarse a un mundo nuevo y aveces hostil, sino de lo que normalmente se conoce como “cinismo”, o más vulgarmente “cara dura”. Y si hablamos de adultos-políticos ese cinismo tiende a convertirse en algo así como una segunda piel, transformación evolutiva producida no tanto por mutación genética natural como por adaptación al ambiente sociopolítico militante, que logra su máxima y más cumplida expresión en el adulto-político-mangaluz. Este ejemplar de ser humano, que habita nuestra tierra andaluza, ha conseguido elevar aquel apelativo a la categoría de arte. Me imagino la siguiente escena, digna tal vez de una preformance de vanguardia:

Larga pasarela con alfombra roja central, elevada sobre la superficie de una gran sala que divide en dos, entre la que se reparte el público, admirativo y aplaudidor de un lado y reprochador y despreciativo del otro, aunque mayoritariamente indiferente a ambos lados. De repente comienza el desfile: Uno a uno van desfilando políticos del PSOE y de IU, pasados y presentes, miembros de gobiernos anteriores y del actual, también algún que otro sindicalista, entre algunos vítores de un lado de la bancada y abucheos desde el contrario, si bien con el predominio del silencio en ambos lados. La alfombra por la que desfilan, al principio de un rojo claro y limpio, va perdiendo poco a poco su color, su limpieza y pulcritud, hasta convertirse en un descolorido y sucio camino lleno de toda clase de inmundicias. Desfilan la plana mayor del Gobierno actual con Susana de Triana a la cabeza, seguida de Diego Corrientes, digo Valderas, y del resto de altos cargos, pero también Pepe Griñán, Carmencita Aguayo o viejas glorias como Pepe de la Borbolla, el mago Gaspar Zarrías, Chaves el Cabezón, etc, y así hasta completar una lista interminable de señores y señoras incluidos en la órbita del poder mangaluz. En las paredes laterales de la sala enormes pantallas de plasma reproducen diversas escenas alusivas a la corrupción política y económica, desde los inicios de la autonomía en Andalucía. No las reproducimos aquí para no herir la sensibilidad del desocupado y desprevenido lector.

Los “desfilantes” miran hacia el frente, al fondo de la sala, en donde una gran urna de cristal que cuelga del techo se balancea a mitad de camino entre éste y el suelo. Por momentos miran hacia las escenas reproducidas en las paredes, pero rápidamente se vuelven hacia la urna sin perder el gesto. Entonces ocurre lo extraordinario, lo inaudíto, lo increible. De repente, uno a uno, a mitad de su actuación por la pasarela, se detienen unos segundos volviéndose hacia el desprevenido público de uno y otro lado, dirigiéndose a ellos desde la superior altura de la pasarela, con estas invariables palabras: “Ya veis que nada de esto es verdad, pues yo sigo desfilando como si nada, sin que nada de lo que veis reflejado en las paredes me afecte. ¿Que mayor prueba de la falsedad de esas imágenes queréis?”.