LEGALIGAD Y EFICACIA: LA FALSA
DISPUTA
No
es verdad que una administración pública respetuosa de la legalidad
tenga por fuerza que ser ineficaz. Este es un argumento interesado
que aparece de forma mas o menos velada desde hace ya algunos años.
Existen muchas personas interesadas en divulgar esta idea en nuestro
país y, como no, también en Andalucía. Y que decir de esa especie
de perversa seducción que el mundo de la gestión privada ejerce en
gran parte de los dirigentes de la Administración, y como no, de la
Administración en Andalucía. Porque ese es el trasfondo de la falsa
disputa legalidad-eficacia.
La derecha neoliberal ya sabemos
que está por la labor de privatizar, de llevar a su terreno, al del
mundo de la empresa, parcelas de lo público, porque encuentra en "lo
público" oportunidades de negocio para sus sustentadores
principales y/o votantes.... Esto está en la linea de los
planteamientos sociopoliticos y económicos del liberalismo o
neoliberalismo, pero lo que resulta más chocante es que desde la
izquierda se secunde este tipo de planteamientos.
El PSOE de Andalucía ha venido
implícita y explícitamente desarrollando este planteamiento desde
los inicios de la Autonomía. A estas alturas ha logrado crear una
administración paralela que supone una concesión al mundo de la
gestión privada. En particular al entorno amigo y clientelar de la
gestión privada. La privatización practicada por el PSOE en
Andalucía es mas perversa que la practicada por gobiernos de derecha
como el actual del PP. La derecha privatiza o intenta privatizar
servicios públicos, cierto. Vende o intenta vender instituciones
prestadoras de servicios públicos. Su privatización es pura y dura.
Pasa a manos privadas la titularidad de determinado servicio y con
ello, por supuesto, la gestión del mismo. Mal, muy mal. La
izquierda, en Andalucia, PSOE e IU, critican ( con toda la razón)
esa privatización pretendida por la derecha. Sin embargo la
izquierda que acusa a la derecha de privatizar, privatiza mientras
tanto la gestión de los servicios públicos. Y no de un servicio
cualquiera, como barrer calles, sino de servicios como la
contratación de infraestructuras y equipos educativos de utilización
pública o las inspecciones medioambientales, por citar sólo dos
ejemplos. Se podrá decir, sí pero ese servicio sigue siendo de
titularidad pública. Y entonces habría que pensar si no es más
perverso esto último, pues hace que una institución pública se
administre como una privada, con el dinero de todos. Al fin y al
cabo en la otra privatización, la de la titularidad, hablamos de
dinero privado, tanto en lo que se refiere a las ganancias como a las
pérdidas, mientras que en el otro caso en realidad hablamos de un
seudoempresario (la clase dirigente—partido) que reinvierte en sí
mismo las ganancias pero socializa las pérdidas. De esto último
sabemos algo los funcionarios andaluces. Me parece mas indecente
convertirse en empresario con dinero de todos. Y esto es precisamente
lo que se ha venido haciendo aquí.
Es patético el acercamiento de
los que mandan en nuestra administración al mundo de la gestión
privada. Hace pocos años comenzaron a ponerse de moda dentro del
ámbito de la administración de la Junta los cursos sobre "calidad".
Yo fui a uno de ellos. Vi cómo el personal que impartía los cursos,
personal de la administración, hablaba con vergonzosa admiración
de un ejecutivo procedente de la empresa privada que había sido
"fichado" por la administración, y nos había beneficiado
a todos trayendonos la bienaventurada nueva de la calidad y de la
gestión por procesos. Al final todo se reducía a reducir, valga la
redundancia, los tiempos y plazos de los procedimientos. En ese mismo
curso nos pusieron un video en el que salía Obama con su famoso
"Podemos". Nos dijeron que los ciudadanos eran clientes (
se me ocurrió objetar que eran unos clientes muy particulares ya que
no podían acudir a la competencia si no estaban satisfechos con el
servicio prestado por la administración y me respondió uno de estos
nuevos conversos a lo privado que nada de eso, que para eso estaban
las agencias..¿?).Pero lo mejor de todo fueron dos
palabritas-mantras procedentes también del mundo privado: MISIÓN Y
VISIÓN. A que suena como a religioso. Estos son dos
conceptos-chorradas del tan anhelado, por nuestros papanatas
políticos y político-gestores, mundo de la empresa privada. Ahora
toda organización debe tener una misión y una visión. Y como no,
estos lumbreras que dirigen nuestra pobre Junta de Andalucía, han
descubierto que también ésta debe tener su misión y su visión.
Como si éstas no estuvieran ya mas que establecidas en la
Constitución y en el Derecho Administrativo.
La cuestión es que la "misión"
de los dirigentes de nuestra administración es engañarnos a todos
con la supuesta falta de eficacia y agilidad de la Administración
pública. De esta manera, la creación de una administración
paralela que duplica órganos y recursos y que produce el vaciamiento
de funciones y la desfuncionarización de los puestos de trabajo en
la administración general, que prescinde del derecho administrativo,
y por tanto de todo un sistema de control en el manejo de los asuntos
y del dinero público, se justifica esgrimiendo el fantasma de la
burocracia, lenta e ineficaz, de la administración tradicional. Se
sacrifica la legalidad por la eficacia. Peor aún, la legalidad por
una falsa eficacia. Pues si nunca estaría justificado, en un Estado
de derecho, el sacrificio de la legalidad en aras de la eficacia o de
la agilidad, menos todavía cuando esa eficacia o agilidad no son
tales. ¿Se ha hecho algún análisis, evaluación o estudio serio
que haya valorado positivamente esa supuesta eficacia de la
administración instrumental de la Junta de Andalucía?. Para lo que
sin duda no hace falta ningún estudio es para concluir que ha sido
muy eficaz para una innumerable legión de corruptos.
Es justamente desde el ámbito
del propio Derecho Administrativo desde el que se han hecho esfuerzos
por dotar de eficacia y agilidad a la Administración tradicional en
un intento de superar, sin prescindir de la legalidad, los defectos
de la denostada burocracia. Leyes como la 30/1984, de 2 de agosto, de
medidas para la reforma de la Función Pública, supusieron incidir
claramente sobre ello. Si a esto unimos la realidad de la
implantación de las tecnologías de la información y la
comunicación en las administraciones, el ideal de conciliar
legalidad y agilidad no parecería tan lejano como nos quiere hacer
pensar la interesada clase política. Los que trabajamos en la
administración sabemos que a los políticos que dirigen la Junta de
Andalucía no les interesa la eficacia ni la agilidad, para ellos lo
eficaz y ágil es saltarse la legalidad ( los controles
administrativos, fiscalizadores) para poder operar al margen del
interés general, pues para ellos éste no es otro que el interés
particular y partidista de su linea política, sindical y social.
Ellos
sí han aprendido la lección de la eficacia y la agilidad, pero no
para prestar un mejor servicio a los ciudadanos, sino para crear una
administración a imagen y semejanza de sus auténticas intenciones e
intereses. Una administración sistémicamente corrupta porque
pervierte la esencia de su "misión", que está claramente
definida en la Constitución : servir con objetividad e imparcialidad
los intereses generales; para lo que no hace falta encontrar ni
perseguir ninguna "visión". Simplemente basta con "ver"
la Constitución. O quizás atenerse a la recomendación de San
Agustín en sus Confesiones: "Pero
consultada la justicia, pensó mejor su decisión y juzgó más útil
la equidad, que se lo prohibía, que el poder, que se lo permitía."
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